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Política

Abelardo convierte la caída de “Bendito Menor” en bandera política: sus aliados salieron a celebrar

La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, máximo jefe de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, se convirtió rápidamente en uno de los mayores trofeos políticos y operacionales del naciente Gobierno de Abelardo de la Espriella.

Por Alejo Vergel Director

2 min de lectura

La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, máximo jefe de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, se convirtió rápidamente en uno de los mayores trofeos políticos y operacionales del naciente Gobierno de Abelardo de la Espriella.

Pérez Toncel murió durante una operación de la Policía Nacional desarrollada en La Guajira. En los hechos también murieron su compañera sentimental y dos de sus escoltas, según la información conocida hasta ahora.

El resultado desató inmediatamente una cascada de pronunciamientos de sectores cercanos al Gobierno.

El presidente De la Espriella aseguró que durante su administración los responsables de actividades criminales deberán someterse a la justicia o enfrentar la fuerza legítima del Estado. Desde el Congreso y varias regiones también llegaron mensajes celebrando el operativo.

Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín y aliado político del presidente, sostuvo que las acciones contra los criminales habían sido “descongeladas”. El gobernador de La Guajira, Jairo Aguilar, manifestó su esperanza de que la operación contribuya al desmantelamiento de las estructuras que afectan al departamento.

También el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, expresó públicamente su respaldo a la estrategia del mandatario.

El Gobierno encuentra así una oportunidad evidente para fortalecer su discurso de seguridad y mostrar resultados tempranos frente a organizaciones armadas.

Pero un Estado serio debe evitar que los resultados operacionales terminen convertidos simplemente en espectáculo político.

Combatir organizaciones responsables de homicidios, extorsiones, desplazamientos y narcotráfico es una obligación institucional que trasciende al presidente de turno. Los resultados pertenecen también a policías, investigadores, fiscales y agentes de inteligencia que participan durante meses en este tipo de operaciones.

La pregunta, por tanto, no es solamente cuántos cabecillas puede mostrar el Gobierno como abatidos.

El verdadero balance llegará cuando pueda establecerse si la caída de sus jefes reduce efectivamente los homicidios, las extorsiones y el control territorial de las organizaciones criminales.

La seguridad no se mide por la espectacularidad de un anuncio presidencial, sino por la tranquilidad que finalmente recuperen las comunidades.

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