Abelardo cierra dos mesas de paz de un portazo y deja una gran incógnita sobre el Clan del Golfo
El Gobierno de Abelardo de la Espriella continúa desmontando piezas centrales de la política de Paz Total heredada de Gustavo Petro.
Por AlejoVergel
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El Gobierno de Abelardo de la Espriella continúa desmontando piezas centrales de la política de Paz Total heredada de Gustavo Petro.
Dos resoluciones expedidas el 3 de septiembre pusieron fin oficialmente a los espacios de conversación que el Estado mantenía con el Frente Guerrillero Comuneros del Sur y con estructuras criminales de Medellín y el Valle de Aburrá.
La decisión confirma el cambio radical de estrategia de la nueva administración.
Durante el gobierno Petro se impulsaron simultáneamente conversaciones con guerrillas, disidencias y organizaciones criminales con la intención de reducir la violencia y explorar procesos de sometimiento o negociación.
De la Espriella ha decidido recorrer un camino diferente, con un discurso concentrado principalmente en operaciones de Fuerza Pública y presión militar.
La resolución relacionada con Medellín termina el espacio establecido con estructuras criminales de alto impacto de la ciudad y el área metropolitana.
La segunda pone punto final al proceso con Comuneros del Sur, una estructura que se había separado de la línea del Comando Central del ELN y que había avanzado en una mesa propia.
El Gobierno tiene plena facultad política para revisar negociaciones heredadas. Sin embargo, cerrar una mesa es mucho más sencillo que resolver los problemas que pretendía atender.
En Medellín siguen existiendo estructuras criminales con control territorial, rentas ilegales y capacidad de violencia.
En Nariño, donde operan Comuneros del Sur, las comunidades continúan viviendo en zonas atravesadas por economías ilícitas y presencia de diferentes actores armados.
Y permanece además una enorme incógnita: el Clan del Golfo.
Hasta el momento de conocerse estas decisiones no se había anunciado una resolución equivalente que terminara formalmente los acercamientos con esa organización.
La política de seguridad del nuevo Gobierno será evaluada entonces por resultados y no solamente por el número de mesas que logre desmontar.
Si los homicidios, desplazamientos, extorsiones y confinamientos disminuyen, De la Espriella podrá mostrar que su estrategia funcionó.
Si ocurre lo contrario, cerrar canales de conversación únicamente para demostrar distancia frente a Petro podría terminar siendo una decisión política costosa para las regiones que siguen soportando la guerra.